Sábado de Ministración en Jóvenes

Fuimos ministrados con la Palabra de Génesis 35: 16-18
"Después partieron de Betel. Cuando todavía estaban lejos de Efrata, Raquel dio a luz, pero tuvo un parto muy difícil. En el momento más difícil del parto, la partera le dijo: «¡No temas; estás por tener otro varón!» No obstante, ella se estaba muriendo, y en sus últimos suspiros alcanzó a llamar a su hijo Benoní, pero Jacob, su padre, le puso por nombre Benjamín."
Betel significa casa de Dios.

Cuando nacemos de nuevo somos hijos porque nos reconciliamos con nuestro padre Dios. Como hijos tenemos paternidad y donde hay paternidad hay hogar. En ese hogar con paternidad no hay orfandad y Dios nos capacita para que avancemos y conquistemos todas las áreas.
Declaró esta noche "Yo soy hijo, no hay orfandad, sino que tengo hogar y estoy preparado para conquistar".
En Betel casa de Dios hay pan de vida que quita toda desnutrición. La desnutrición es emocional, espiritual y física manifestada en falta de amor y en carencias. En el hogar Dios nos dice palabras que nos bendicen y nos da cobertura y protección, por ende no estamos indefensos.
Como hijos de Dios estamos marcados para gestar, concebir y dar a luz todo el tiempo. ¿Qué hay que dar a luz? El propósito que Dios puso dentro de nosotros.
Donde no hay propósito no hay dirección, no hay fuerzas, no hay expectativas.
Como hijos tenemos que dar a luz todo el tiempo. Cuando no doy a luz todo el tiempo el propósito de Dios significa que algo está muerto, significa que algo se truncó.
Raquel estaba con fuertes dolores de parto. Los dolores eran muy intensos.
Viene ese impulso para dar a luz vida.
Para dar a luz sí o sí hay que pujar.
El poder del Espíritu Santo es un poder para poder.
Sin la guía del Espíritu Santo no podemos funcionar.
Todos tenemos un potencial que hay que darlo a luz. Se llama propósito. Es lo que Dios puso en cada uno de nosotros.
Nacimos para dar a luz vida.
Ese poder del Espíritu Santo hace que puje de tal manera que sí o sí tengo que dar a luz el propósito de Dios sobre mi vida.

Génesis 35: 17
"En el momento más difícil del parto, la partera le dijo: «¡No temas; estás por tener otro varón!»"
Cada día la paternidad de Dios nos va a llevar a nuevos desafíos.
Esto es para pasar a otro nivel de crecimiento. Pero muchas veces viene el temor. El temor paraliza.
El temor hace que pierda la fe. Sin fe es imposible agradar a Dios y no puedo traer los diseños de Dios.
¿Qué fue lo que perdiste en este tiempo?
El temor hace que te aferres a lo que te lleva a muerte, a lo que te lleva a frustración.
Para vivir como hijos de Dios tenemos que dejar de vivir como huérfanos. Para eso tenés que dejar de vivir como fuiste, dejar la manera como te ves. Tiene que nacer otro varón u otra mujer conforme al diseño de Dios.

Génesis 35: 18
"No obstante, ella se estaba muriendo, y en sus últimos suspiros alcanzó a llamar a su hijo Benoní, pero Jacob, su padre, le puso por nombre Benjamín."
Benoní significa hijo de la tristeza, hijo de la aflicción.
El enemigo quería marcar tu vida con orfandad, con tristeza, con frustración, con miedo, con temor, con inseguridades, con muerte.
Hoy la intervención de Dios se hace presente en tu vida.
No serás llamado hijo de la frustración, huérfano, aquel que anda por la vida en camino torcido y de muerte, sino que serás llamado Benjamín.
Benjamín significa hijo de mi mano derecha, aquel a quien se le entrega una herencia.
El Padre dice que lo que Él tiene te lo está dando a vos.
Estaban yendo a Efrata que significa lugar de fecundidad.
Para que nazca un Benjamín una Raquel tuvo que morir. 
Eso que te frustra y te atemoriza tiene que morir, pero tiene que nacer el heredero.

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PREDICAS DE NUESTRO PASTOR

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