Palabra Semanal 08

Mientras lentamente se van apagando las luces de este año que llega a su fin, podemos comenzar a vislumbrar las nuevas estrellas que comienzan a encenderse, como despertándose, anunciando la llegada del 2016.

Como todo comienzo, el año que se está acercando y casi acariciándonos nos invita a entrar en un nuevo tiempo, en una temporada diferente y, como una flor, se vuelve a abrir la esperanza de lo mucho y bueno que vendrá.

Por razones que aún no entiendo lo suficiente, la mayoría de las personas suelen poner su acento, su énfasis, más en el pasado que en la realidad del presente y muy pocas lo hacen en el gran potencial que viene en el futuro.

Fin de año es tiempo de balances siempre, de cerrar etapas y cosas inconclusas. Debemos ponerle las notas finales a la última canción del año que se va, con la certeza de depositar toda la esperanza, fe y fuerzas en lo que se viene.

No dejemos que nos gane la tristeza y la melancolía de lo que ya no está o de lo que no fue. No dejemos que el alma gobierne nuestras emociones. Decidamos poner nuestros ojos en los brotes de lo nuevo que Dios nos da y nos seguirá dando.

Aunque el fin de un año y el comienzo del otro es en esencia un hecho cronológico, nosotros tenemos la capacidad, por el Espíritu de Dios que nos fue dado, en transformarlo en algo completamente nuevo, quebrando toda rutina y lanzándonos a cumplir el propósito por el cual estamos en este mundo.

En síntesis podemos decir que: “si ponemos nuestros ojos en Jesús, el autor y el que da confianza a nuestra fe”, el año que se aproxima será un tiempo de hermosos desafíos, de cumplimiento de grandes promesas y, por encima de ello, un año de paz que lo viviremos con una ¡Fe al límite!

¡Feliz año! ¡Feliz nuevo comienzo! ¡Felices porque Jesús está con nosotros y nunca soltará nuestra mano!